Cuando decidí escribir sobre esto
me planteé no pensarlo mucho. Escribir las conclusiones de un experimento como
este no sería equivalente a hacer un paper científico. Solo quería ver que
onda.
Corría el mes de enero y en una
tarde de esas fue que comenzó. No podía entender con claridad por qué pasaba
pero noté que mi concentración había disminuido notablemente. Mi capacidad de
enfoque en el trabajo se veía totalmente amenazada y estaba rindiendo menos. No
lograba entender la razón real. No había desviaciones ni problemas graves que
me afectaran. Tal vez el cansancio, que se yo… Es estresante trabajar en un
call center vió…
Pero fue una tarde, una tarde en
particular. Una de esas en las que no podes con nada. Estaba totalmente colgado
y fuera de atención. Como perdido. Casi un zombie. No entendía las causas y eso
me estaba empezando a preocupar. Que se preocupen los feos, me dije. Y me
terminé preocupando mas aún.
Hasta que apareció, ahí estaba.
Un dolor parejo y constante en la cabeza. Una sensación somnolienta en los
ojos, como una modorra constante. ¿Y mi productividad? Bien gracias.
El descubrimiento de este síntoma
me permitió darme cuenta de que el problema podía residir en mis ojitos tan
castigados por mi trabajo primero, por mi vocación de escritor/lector después.
Decidí darle una solución inmediata al tema, pero hacerlo de una forma
divertida, algo que me deje una enseñanza, algo para rumiar (No es cosa de
pedir un turno e irse a un oftalmólogo y ya, que aburrido) en fin, decidí hacer
un experimento.
Por alguna razón que no recuerdo
llegué a suponer que era bastante probable que el cambio constante de foco de mis
ojos en el trabajo fuera el problema. Que eso le generaba fatiga a mi vista. Qué
se yo, ponele. Entonces para probar si esto era verdad, cual cazador de mitos,
decidí poner manos a la obra y hacer un ensayo. ¿En qué consistiría? En no
llevar el celular al trabajo. Pensé en apagarlo, o ponerlo en modo avión. Pero
no, no tenía mucho sentido y sabía que sería débil y terminaría cediendo. Así
que así fue que comenzó este experimento. Mi promesa de no llevar el celular
durante una semana al trabajo. Vacaciones para mis ojos.
Arranqué ese lunes dejando tirado
en la cama el teléfono, como abandonado a su suerte en la oscuridad de mi
cuarto. Fueron pasando los días y al tercero increíblemente comencé a notar un
par de cambios. Después de una semana, noté tantas cosas que el experimento fue
extendiéndose y llegué a poco menos de tres semanas sin llevar el mismo. Después
situaciones familiares me obligaron a tener el móvil siempre conmigo y la
experiencia se terminó convirtiendo en un ejercicio de fuerza de voluntad. Hoy
por hoy, meses después, mi comportamiento terminó por modificarse…
Hechos relevantes
·
Al pasar los días, el dolor de cabeza
desapareció por completo. También el ardor en los ojos.
·
Mi productividad volvió a sus parámetros
normales rápidamente y con ello mi predisposición al trabajo. Hasta se puede decir
que mejoré en ese sentido
·
Mi concentración se recuperó y pude mantener mi
cabeza despejada y enfocada.
·
Dejé de usar el teléfono también en horarios no
laborales. Pude ordenar también mis actividades hogareñas y el trabajo de
empezar a editar el blog.
·
Las reacciones de mis compañeros y las personas
cercanas fueron de lo mas variadas e interesantes.
En fín, como conclusión, este experimento
improvisado me trajo muchas cosas para digerir. Primero, lo mucho que nos
afecta el celular en nuestras actividades diarias y lo nocivo que es para nuestra
vista. Es increíble como la dependencia que se crea termina influyendo en tu
capacidad de concentración. Querés estar
pendiente de todo, de lo que tenes que hacer, de lo que hacen los demás, de las
reacciones que tienen los demás a lo que decís o haces, y eso, para ciertas
cosas no está tan bueno. Comprendí lo
molesto que es tratar de conversar con alguien y notar que no escucha lo que
decís (me pasó en el trabajo, porque al estar sin distracciones terminaba mis
tareas y podía darme el lujo de hablar
con mis compañeros y esto pasaba con frecuencia) y eso no está bueno. Desconté de mis problemas
el dolor de cuello y el reflejo de persecución de manotear los bolsillos hasta
recordar que no llevaba encima el celular (si, a eso se llega) y fundamentalmente,
le escapé al oftalmólogo otra vez. ¡Victoria!
Finalmente para ir despidiéndome,
los voy a dejar con lo que mas me impactó. La sorpresa de mis compañeros de
trabajo ante mi decisión. Basicamente sus expresiones rondaban la imposibilidad
absoluta de dejar el celular en casa. ¿Cómo haces? Sí, así como si fuera que
estas dejando la heroína, así de imposible parece. Y ante mi humilde invitación
de probar el experimento en carne propia respondían con… A mi me es imposible,
yo tengo vida chabón…
Iván Blackpixel




