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sábado, 18 de agosto de 2012

El poema



Tomé una lapicera, una azul, de las legendarias BIC de trazo fino, seguro era de mi hermanito, porque estaba toda mordisqueada, es decir, había sufrido la ansiedad del changuito por terminar desordenadamente su tarea para ir a jugar. Se notaba también con mucho uso, lo que me pondría en búsqueda de otra a la media hora... Tenía un lápiz a mano, pero detesto escribir con ellos (Lo irreal de poder borrar para corregir es lo que me disgusta, escribir es vivir, y la vida no te permite borrar los errores) y preferí arrancar con la lapicerita, a pesar de los inconvenientes que esta traía.
         Con un cuaderno viejo de Calculo III se completaba mi arsenal y, mientras la pava hervía me dispuse a comenzar. Entre vueltas y vueltas, cuando me quise sentar mi madre ya me gritaba haciéndome entrar en razón...la pava hervía.
         Fue té en esa ocasión, como nunca, pero la falta incidental de yerba propició el sacrilegio. Me puse un poco de mal humor, pues el té no es un santo de mi devoción. Boludeces. Unas tortillitas con manteca (milagro) y comencé a madurar alguna idea mientras pasaba el desayuno.
         Una vez que terminé, tomé la lapicera y la posé en el cuadernito. No supe por dónde comenzar. ¿Sería poema? ¿Me animaría a un cuento? Mi mamá surcando el cielo con un reproche... -¿No pensas lavar lo que utilizaste?-
-Ya voy.- Más tiempo para pensar, las ganas estaban...pero con eso no suele alcanzar.
         Con la taza de scooby doo (que me trajo una prima desde Orlando) limpia y puesta en su lugar, con la mesa libre de migas me dispuse, otra vez, a comenzar. Golpeaba con impaciencia la punta de lapicera contra el borde del cuaderno. Trazaba uno que otro rayón. No me podía concentrar. Me levanté. Apagué la tele (estaban dando las noticias del canal 8) y puse Jammin de Bob Marley, a repetirse una y otra vez. Así el ciclo me abstraería del ruido y el sonido conocido no me distraería. Me volví a sentar.
          Esperaba una idea, tenía la mente en blanco. El reggae le daba ritmo a mi cabeza, que se movía con paciencia a la tranquila cadencia de la canción. Cuanta genialidad, cuanta paz, pensé. Cerré los ojos. De pronto vi una sonrisa, una tarde de septiembre y un paisaje conocido...escribí.



Tú, mi rojo atardecer, mi alegría, mi brillo.



           Recordé sus correteos llenos de vida tras de mí, cubiertos de pasto de tanto rodar.




Mi brisa primaveral, mi tierno juego de niños.
Llévame por tus caminos de aire y trino.
Llévame, mi bella inocencia,
a volar por el mundo contigo.



           Sonreí, mas por el recuerdo de aquel momento que por el verso. No suelo endiosar las palabras que escribo, pero si mis recuerdos. Tesoro. Cerré mis ojos de nuevo, quise retener esa imagen en mis pupilas un momento, en mi mente verla rodando junto a mi cuerpo. Pero ya se había perdido, se esfumó. Y me quedé a oscuras, así como quien espera por alguien que no volverá. Creí sentir su aroma rodeándome...




Tú, mi cálido jardín, mi verde, mi primavera.
El dulce azahar de mis dolores, mi vida entera.
Envuélveme en tu perfume, tu olorcito a espera.




            Me perdí por unos instantes, tenía en mi débil humanidad su insignia. Impregnada en mi piel cada delicada gota de su pasión, la marca de su histeria, las curvas de su femineidad, su don de Venus. Todo eso estaba prendido en mí. Crueldad. Martirio. No tengo donde escapar cuando ese implacable poder aparece, no puedo hacer otra cosa mas que temblar y caer de rodillas.
            Me di con mi madre corriendo mis cosas de la mesa para el ritual del almuerzo. ¡Cómo pasó el tiempo! A veces parecen momentos y se pasan horas. Almorcé tarde, luego, al trabajo.
            Las energías para terminar el poema no habían disminuido, pero como ya dijimos, se necesita un poco mas que eso para hacerlo bien. Decidí viajar al trabajo en colectivo, allí podría utilizar el tiempo para terminar. Me ayudaría la tecnología, para no andar cargando con el cuadernito y la lapicera (y todos los desastres caligráficos que provoca el andar tambaleante de los buses). En fin, baño y preparación mediante, tomé el impredecible transporte público tucumano. Volvió Jammin, esta vez en mis auriculares, y proseguí con la tarea escribiendo en el teléfono. ¡Cómo seguir! No podía retomar el hilo, entonces fue que sentí su perfume, entre la gente que subía y bajaba, hasta creí que la encontraría (Esa ingenuidad instantánea del que sueña) sin tomar en cuenta que era imposible. De ilusiones se vive, dicen.




Envuélveme, mi bella inocencia,
en la histérica flor de tu enredadera.




             Entre los baches del camino, mi atención contenida en tratar de seguir no se había percatado de una nenita con anteojos que me miraba, más concentrada que yo, sin lugar entre los asientos. Me levanté, tal vez avergonzado por no haberme dado cuenta antes, y le ofrecí mi lugar apurado. Su madre me agradeció y se sentaron, tratando cuidadosamente de no arrugar ni el pequeño delantal de la alumna ni la ropa de trabajo de su mamá.
              Creí haberlas visto ya, creí conocerlas...de algún lugar, de mis sueños tal vez, esos ojos miel que alguna vez compartí.


Tú, mi mejor historia, mi luz, mi inspiración.
El latido constante, bravío empuje de mi corazón.

              Sentí que una necesidad imperante gritaba en mis entrañas con desesperación. Sentí tu cuerpo, tus manos, tu amor llegando a cada espacio de mi ser. No supe que hacer en ese momento. Quise dejar de escribir, salir corriendo a buscarte. Triste realidad. Resignación. 
              Estaba llegando, ya sin mas que terminar, al trabajo y vino entre la herida entreabierta....


Recórreme completo, sé la voz de mi canción.
Recórreme, dolor de mis noches,
con el susurro caliente de tu respiración.

              Puse el punto final, rodó una lágrima. Me levanté del asiento y me dispuse a bajar. A veces escribir te ayuda a recordar lo que alguna vez te hizo feliz, te lleva por caminos sinuosos, llenos de riesgo, porque todo recuerdo tiene esa belleza de la sonrisa que te arranca, pero también remover el sufrimiento que habías olvidado por ahí. Escribir es la eternidad que dejas atrás. Descarga. Escribir tambien es plasmar lo que tienes miedo de olvidar.