¿Soy feliz?
Automáticamente hice un rápido retroceso entre mis recuerdos, desde los más lejanos pasando por los que se grabaron más profundo, hasta los de la noche anterior en apenas un par de minutos.
Luego de imaginar una divertida balanza de importantes dimensiones me dispuse a clasificar lo vivido.
En un principio fue fácil, la pérdida de seres queridos, accidentes, robos y fracasos iban directamente al sector de la infelicidad. Mientras que el amor, nacimientos, triunfos y proyectos o metas cumplidas ocupaban el sector de la felicidad.
Pero ahí me detuve un momento y tras meditarlo un poco llegué a la conclusión de que estaba haciendo mal las cosas. "Todo lo bueno tiene algo de malo y todo lo malo tiene algo de bueno" pensé recordando la famosa frase.
Entonces con el replanteo se complicaron las cosas y vi que no se pueden separar los recuerdos entre felices o no. Al menos no a todos.
En ese momento se me ocurrió generalizar un poco y separar mis memorias por etapas, infancia, niñez, adolescencia y adultez.
Comenzaba nuevamente a clasificar los recuerdos cuando me di cuenta que las etapas estaban tan relacionadas entre ellas que separarlas sería un error.
Se puede tener una infancia feliz, una niñez sin sobresaltos, una adolescencia infeliz causada tal vez por la infancia y sus tantos caprichos consentidos y que, sin embargo, esto nos lleve a una adultez muy feliz.
¿Cómo hacerlo entonces?
Y me iluminé.
Mi pregunta es ¿soy feliz? Soy! Tiempo presente...
¿Y cómo saberlo?
Bien, la manera de saberlo se hizo más sencilla.
Cerré los ojos, puse mi mente en blanco y empecé a sentir. A sentir desde los dedos de los pies hasta los cabellos en mi cabeza. Sintiendo tanto lo exterior como lo interior, mi cuerpo y mi mente.
Me sentí bien. Peri no encontré allí la respuesta a mi pregunta. Decidí que lo más importante de todo es tener la tranquilidad de haber hecho todo lo posible para ser feliz, todo lo que esté a mi alcance.
El día recién comienza. Y ya soy feliz. Porque descubrí que serlo sólo depende de mi.
¿Soy feliz?
Por supuesto. Porque quiero serlo.