Este fué el primer disco de Spock's Beard que escuché en mi
vida, y estoy muy contento de que haya sido así y siempre que alguien quiere
empezar a escuchar esta banda o música progresiva en general, "V" es
lo primero que siempre recomiendo.
Básicamente,
lo que este álbum logra es agrupar absolutamente todo lo que me gusta en el
género progresivo: arreglos corales que te dejan los pelos de punta, riffs
moviditos que se destacan muy bien del resto de la banda pero sin sacarle
protagonismo al resto de los instrumentos, líneas vocales equilibradas con la
temática general del disco, los colchones de sonido del teclado, la falsa
simpleza del bajo, la mezcla absurda de géneros hasta adentro de una misma
canción, tiene de todo. Podemos escuchar este álbum mil veces y cada vez le
vamos a encontrar algo nuevo. Me pasa que lo escucho buscando cierta canción o
estribillo y me distraigo con algún detalle que nunca había notado y ahí estoy
de nuevo, descubriendo una vez mas los miles recovecos que los pibes de Spock's
Beard armaron solo para nosotros.
Arranca todo con "At the End of
the Day". Es clarísima la influencia de Yes que se presenta aquí.
Las armonías, los arreglos, la estructura, todo es reminiscente a un tema de
ellos. Los cambios entre rock, folk y hasta lo que parece ser ligeros cortes de
flamenco ocurren sin que te des cuenta. Alan Morse se luce en este tema,
haciendo uso y abuso de su capacidad para transformar el sonido de su guitarra,
mostrando iguales cantidades de delicadeza y fuerza cuando cada una es
necesaria. No importa que tan extravagante sea el camino que esta canción
elija, siempre tiene sentido. Los últimos minutos son una hermosa síntesis de
estos 12 minutos, pasando rápido por todas las etapas previas y terminando casi
con una floritura de la atrapante voz de Neal Morse.
Sigue
"Revelations". Un tema mucho menos frenético que el anterior y mas
ligéro en cuanto a contenido. Dave Meros castiga a su bajo sacándole sonidos
que duelen por su profundidad. Un tema con mucha mas polenta que el anterior
pero con un importante contraste entre sus distintas partes, tranquilizándose
quizás demasiado entre estribillos. Distorsiones en la guitarra y colchones
agresivos en el teclado se distinguen de las suaves caricias a los platos de la
batería de Nick d'Virgilio.
No, no
estamos escuchando Gentle Giant, es "Thoughts II". Es la segunda
parte de la delirada absurda que empezó con (oh sorpresa) "Thoughts
I" en el disco "Beware of Darkness". Es ridícula. Sin falta, cada
vez que escucho alguna de las piezas que componen este meta-tema me asombro por
una cosa: a primera escuchada pareciera como si los pibes de Spock's Beard
empezaron a tirar cosas a la pared a ver que se pegaba y armaron un tema, pero
con cada repetida le vas encontrando un poco mas de sentido a cada efecto
bizarro del teclado de Ryo Okomoto o a los cortes abruptos con la guitarra
acústica y voz de Neal Morse. Sublime.
"All
on a Sunday" no falla nunca en ponerme una sonrisa en la cara. Son cuatro
minutos de felicidad condensada.
Narrando un lánguido domingo cualquiera, escuchar esta canción te dan unas
importantes ganas de quedarte acurrucado en tu cama, viendo el día pasar por la
ventana mientras hojeas un libro aburrido o escuchas un disco nuevo.
La
balada infaltable no se queda atrás en cuanto a composición musical. El
sentimiento de melancolía se profundiza en cada verso de la canción. La voz
etérea de Neal Morse se mezcla con los sonidos de Ryo Okumoto de una manera muy
singular.
Y si.
El último. El elefante del disco. "The Great Nothing". Un super temón
de veintisiete minutos y dieciocho segundos.
Se divide en seis partes, haciendo un poco mas ligera su apreciación,
que no es sencilla en la primera escuchada. Verdaderamente Nick d'Virgilio aquí
muestra su versatilidad, ya sea en batería o voz, guiándonos a través de la
historia con sus ritmos y detalles vocales. El comienzo de esta canción asusta
un poco al comienzo, pero cuando pensas que te estas acostumbrando a los casi
omnipresentes coros de extrañas voces en el fondo, entra la acústica y empieza
a darle forma a la canción. Los acordes tocados te hacen acordar a una historia
medio turbulenta que esta por empezar. La batería levanta un poco mas el ritmo
y aparecen las voces, contando la historia de un jóven buscando (o no) la fama.
Después de tanto negarse, "The Great Nothing" llega a su fin, dando
una vuelta completa sobre si misma. Los ambientes creados durante esta epopeya
épica son verdaderamente sensacionales, cambiando constantemente y dejandote
con una sensación de completitud que no muchas obras presentan. Veintisiete
minutos y ni siquiera un segundo de mas. Una sola canción y ni un segundo de
menos.
Siempre digo que daría lo que sea
por escuchar este disco por primera vez de nuevo, pero cada vez que subo el
volúmen y aprieto play me doy cuenta que verdaderamente lo estoy haciendo ahora
mismo.-
Felipe Azubel
