Un Jueves Santo terminó siendo el fin. No le dió tiempo a una última cena. Tenía una tertulia impostergable. No le permitieron quedarse un poco mas. Viste como son estas cosas, yo supongo que te llaman y difícil debe ser no contestar ese teléfono. Se fué. Y desde allí comenzó uno de los fenómenos sociales más increíbles y fantásticos que conozco o fuí testigo en mi vida: La muerte de una celebridad. La muerte de los genios, por lo general suele afectarnos de una manera diferente. Nos impregnan su sensibilidad. Tenemos la necesidad de hacernos parte de ese dolor. Tal vez sea el bombardeo de los medios el que nos conmueve, los retazos de su obra, alguna que otra anécdota que nos llega al corazón, la tristeza de los fanaticos... no sé, pero pasa que uno sintoniza con ese luto. Participa. Hasta cambia sus opiniones y sus ideas sobre la obra del genio en cuestión. Tendemos a mimetizarnos con el todo.
La muerte de Gabriel García Marquez es un mojón de la historia de la Literatura Latinoamericana primero, de la Universal en otra medida. Fue quien, junto a otros grandes autores de nuestras tierras le dió entidad a la Literatura Latinoamericana. El puñado de autores del llamado Boom que intentó realizar la Gran Novela Latinoamericana. Cosa que, este señor, si no la logró con Cien años de soledad, quedó imperceptiblemente cerca. Si no es la perfección, la roza. Alguien que llega así a los corazones, ya sea para desatar demonios o musas (acaso sean lo mismo no?) despierta siempre estas reacciones. La gente apoderándose de su esencia. De ahí que sea natural ver en tus redes sociales a la gente compartiendo notas sobre el, tirando sus frases (a veces atribuyéndole frases así, de prepo), que se lean algunos de sus libros en un ratito, o emprendan un viaje largo y paciente por su obra. También es natural que alguien haya posteado un "Gracias por todo GAEL", o que otro haya dicho que "Mi planta de Naranja Lima le llegó al corazón y siempre lo recordará por eso" y algún que otro chiche de colección. Eso generan los genios, los fuera de serie. Todos quieren ser parte de ellos, de una manera u otra.
Por mi parte puedo contarles que Relato de un náufrago fue uno de los primeros libros que leí en la primaria. Fué, en efecto, el primer libro que me compraron. Tengo conectado ese título con la emoción de ver a mi viejo con la bolsita de la librería. Era nuevo, era mío. Recuerdo haberlo devorado antes siquiera de llegar a la primera clase de Lengua, ya tenía preguntas sobre todo el libro para la maestra. Ansioso, como siempre. Este libro soy yo impresionado con la terrible manera de contar esa historia, ese libro tambien es el símbolo del esfuerzo de mis viejos. Es mi dolor de tener que cambiarlo por el fatídico Mi planta de Naranja Lima. Es símbolo del tener y tambien del desprenderse. Lo que lo hace inolvidable. Increíblemente para mucho el que mas me marcó de su obra.
Tambien podría contar que el amor me conectó, años despues con la increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada... Que allí entré al realismo mágico de Marquez propiamente dicho. Que me chocaba la crueldad. Que me impresionaba que alguien me saque de la inocencia. era una bofetada que no podía dejar de recibir. También podría contar que el romance me hizo leer El amor en los tiempos de cólera a las apuradas para evitar que ir al cine con mi novia de entonces me arruine las imágenes que prefería crearme yo. Directo a la lista de pendientes de relectura que quizá no pueda cumplir. Podría hablar de Cien años de Soledad, pero para eso necesitaríamos un post aparte. Un libro aparte quizá. Es un universo, un círculo perfecto.
La muerte de los grandes siempre nos deja algo y se lleva algo de nosotros. Hay quienes vivieron su vida alrededor de García Marquez, que los marcó. Otros a los que les pinceleó la vida en momentos importantes o por circunstancias que se recuerdan, que fue parte de nuestras vidas. Por fin, habrá quién se acerque a su obra despues de ver lo que produjo en los demás su desaparición, ese es otro gran homenaje, el mejor que se le puede hacer a un artista. Eso es lo genial que tiene el arte, que no caduca. No hay un tiempo para disfrutarlo, no hay obligación que valga. Que en paz descanse el Maestro y muchas gracias por todo...
Iván Blackpixel
