Reflexión sobre relaciones entre pornografía, arte y cine.
¿Pornografía = cine?
“Los films pornográficos, ¿pueden ser considerados un género cinematográfico, artístico?” Fue esta pregunta que, no hace mucho tiempo, me hizo un amigo, el detonante de esta inquietud que hoy se transforma en ensayo. Pregunta que, por cierto, no supe responder con certeza, si bien tenía en ese momento algunas conjeturas al respecto, en base a mi formación académica relacionada con el cine. De inmediato pensé que, por alguna razón, en dicha formación académica, el tema de la pornografía nunca había sido abordado, es decir, no había sido seleccionado o considerado suficientemente “importante”. A partir de esto fue que me propuse indagar y juntar fundamentos que me lleven a saber un poco más. Me posiciono desde una postura que no pretende alcanzar una respuesta única y definitiva, ya que sin dudas se trata de un tema complejo y controversial. Busco, en lugar de eso, reunir elementos que me permitan realizar un análisis, y quizás generar más preguntas sobre el tema.
De esto no se habla.
Considero que ésta es una frase que resume la postura que, predominantemente, se asume en relación a la pornografía: “De esto no se habla.” Postura que se adopta en varios ámbitos: lo familiar, lo social, e incluso lo académico. Pocos son los que se preguntan si la pornografía es un tipo de arte, y si vamos más a lo específico, pocos se preguntan si el género pornográfico está incluido dentro de tantos géneros cinematográficos que existen, en definitiva, si se trata o no de cine. Evidentemente, hay cuestiones morales, tradicionales y selectivas en juego, que excluyen a lo pornográfico, en primera instancia, tanto de las cosas de las que se habla cotidianamente como del campo de investigación. Sin embargo, pienso que así como la comedia busca hacer reír, el drama busca sensibilizar, el terror busca aterrar, la pornografía busca excitar sexualmente así que, en cuestión de objetivos, no hay un género más válido que el otro. Inclusive, es notorio que no sólo hay similitudes en cuanto a objetivos, sino que como género, el porno cuenta con características peculiares que lo definen, por ejemplo el hecho de mostrar los genitales y el sexo explícito.
Precisión de conceptos
Me parece importante hacer, antes de continuar, una precisión de conceptos. Si la idea es realizar un análisis relacional entre arte, cine y pornografía, es válido incursionar, aunque sea brevemente, en el significado que se da a cada uno de estos conceptos, y tomar una posición al respecto. En cuanto al eje de este ensayo, la pornografía, veremos que la Real Academia Española la define como: “1. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas; 2. Obra literaria o artística de este carácter. 3. Tratado acerca de la prostitución." De esta definición puedo deducir dos cosas: en primer lugar, que la RAE responde, de alguna manera, a nuestra pregunta, relacionando directamente a la pornografía con lo artístico y lo literario. Por otro lado, la tercera definición dada se refiere a la etimología de la palabra, proveniente del griego (porne es "prostituta" y grafía, "descripción", es decir, "descripción de una prostituta"), no obstante, es evidente que, en base a lo dinámico de nuestro lenguaje, el concepto que socialmente compartimos de pornografía va mucho más allá de la actividad de una prostituta, y abarca diversos ámbitos y acciones.
La misma fuente define a la cinematografía como la “Captación y proyección sobre una pantalla de imágenes fotográficas en movimiento.” y al arte como “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros." Por otro lado la enciclopedia virtual Wikipedia define al cine pornográfico, también llamado cine porno, como “…la actividad cinematográfica en la cual explícitamente se muestran los genitales mientras se realiza el acto sexual y cuyo propósito es el de excitar al espectador”. Estas definiciones conjugadas, en principio, no niegan la posibilidad de concebir al cine porno como una expresión artística y un auténtico género cinematográfico. Sin embargo, existen dudas y discusiones al respecto.
El Porno como género cinematográfico
La mayor tendencia es a negar la posibilidad de que el cine pornográfico sea considerado dentro de los géneros cinematográficos. Hay una confusión de términos y se cree que, en cuanto al sexo como tema de una obra, erotismo es sinónimo de arte y pornografía de no-arte. Sobre estos debates, y yendo un poco más profundo, Susan Sontag advierte que no debería emprenderse una discusión sobre pornografía sin antes reconocer que hay varias pornografías. La autora habla de tres tipos: en primer lugar, la pornografía como elemento de la historia social; en segundo lugar, la pornografía como fenómeno psicológico, síntoma de deficiencia o deformidad sexual tanto en los productores como en los consumidores; y en tercer lugar, la pornografía como una modalidad que se distingue de las dos anteriores, una convención menor dentro de las artes.
Considero que en las dos primeras definiciones, Sontag hace referencia al factor industrial del cine pornográfico, que es el más conocido, explotado y producido. En cambio, en la tercera, se refiere a la posibilidad del cine porno que trasciende sus objetivos primarios –la mera excitación sexual del espectador, el lucro, etc.- y busca innovar, ser vanguardista y entrar en el campo de la expresión artística.
Pienso que uno de las causas de la discusión es la concepción de arte vigente en la sociedad, en los sujetos, en quien investiga, en quien opina. Rescato a continuación un pensamiento de Sontag al respecto de qué es el arte: “…es una forma de conciencia. Los materiales del arte son las diversas formas de conciencia. No existe ningún principio estético en virtud del cual se pueda interpretar que esta concepción de los materiales del arte excluye hasta las formas extremas de conciencia que trascienden la personalidad social o la individualidad psicológica.” En esta definición puedo dilucidar que la autora no excluye a la pornografía del arte, ni afirma que toda pornografía es arte. Me parece clave la palabra diversidad, es decir, inclusión de aquellas formas, incluso extremas, de conciencia y de expresión, inclusión que parte de la no-existencia de un principio estético universal y eterno.
La predisposición generalizada a no considerar en absoluto la pornografía como arte, o bien a verla como una manifestación que debe ser oportunamente escondida, está atravesada, en mi opinión, por convenciones sociales que provienen de aquellas verdades universales que son más populares. Se me ocurren, en relación a este asunto, dos de estas convenciones: por un lado, la filosofía cristiana, que concibe a lo sexual como un caso especial, calificándolo moralmente como bueno o malo según sus fines. En este sentido, la pornografía sería considerada una actividad incorrecta, pecaminosa, al no tener fines reproductivos y no darse en el ámbito de lo privado y familiar. Por otro lado, otro paradigma que puede intervenir en este debate es el psicológico, cuyo argumento radica en que la pornografía es una manifestación de una perversión sexual u obsesión presente tanto en el productor como en el consumidor. Este paradigma analiza y califica no desde lo bueno y lo malo, sino desde lo sano e insano. Sin embargo, a ambas posturas podría responder que ni lo moral ni lo psicológico impide que la pornografía se torne expresión artística. Se trata, en todo caso, de posturas de lectura, de formas de entender que a eso se limitan, no a determinar un principio estético que es lo que efectivamente gobierna lo artístico.
Otra de las razones para esta rotunda exclusión, presente explícitamente en algunos críticos e implícitamente en la sociedad, radica en que el propósito de este cine es únicamente excitar al consumidor, objetivo que estaría en contradicción con la compleja función del cine, relacionada con una caracterización de los personajes bien resuelta; la relación de los sujetos entre sí y con sus sentimientos y emociones; una historia que cuente con comienzo, nudo y desenlace, etc. Según esta idea, en el cine porno estos aspectos no son correctamente desarrollados, sino se limitan a dar un puntapié al acto sexual. Opino que, si bien estas observaciones son en gran medida ciertas, ya que el cine pornográfico se aleja de las características ya establecidas de los demás géneros, se trata de un argumento generalizador y, como planteé anteriormente, no se puede generalizar ante una temática que, aunque con tendencias mayoritarias, posee también particularidades y es ampliamente diversa. Por otro lado, pienso que estos mismos argumentos que sirven para segregar al cine porno -me refiero a la falta de estructura dramática, el nulo desarrollo de los personajes, la pobreza en el argumento- podrían constituirse como características que le otorguen la condición de género cinematográfico, y como rasgos propios de este género.
Me planteo entonces, frente a estas controversias, la posibilidad de que el cine porno, conservando su base en el sexo explícito, adopte la estructura dramática de los demás géneros. Si así fuera ¿sería considerado como un film audiovisual equiparable a otras películas? ¿Se acercaría más al status de artístico, de estético? Seguramente habrá respuestas diferentes a esta pregunta. Mi respuesta es que sí, se aproximaría o tal vez se mezclaría con otros géneros, pero con el riesgo de perder aquellos rasgos propios de los que antes hablé, rasgos que apuntan restringidamente a cumplir el objetivo de la excitación sexual. Y, en consecuencia, al perder esos rasgos y adoptar otros, que buscan otros objetivos, su carácter de pornográfico podría difuminarse. En definitiva, esta posibilidad que planteo está condicionada por la demanda del público -o la mayor parte del público- del cine porno, que busca la satisfacción instantánea de fantasías, y no pretende una historia sustentable. Esta modalidad de porno con características no-porno sería, entonces, un subgénero o un entrecruzamiento de géneros.
Conclusión
Quisiera, para concluir este texto, volver a la raíz, a la pregunta que fue el puntapié inicial: “Los films pornográficos, ¿pueden ser considerados un género cinematográfico, artístico?” Luego de haber investigado y reflexionado al respecto, y con la certeza de que queda aún mucho por indagar, respondería a esta pregunta, en primer lugar, con la convicción de que el pornográfico es, desde luego, un género cinematográfico, más allá de consideraciones morales y sociales en cuanto a lo bueno y lo malo, lo sano y lo insano, lo correcto y lo incorrecto, lo mejor y lo peor, que no atañen en este debate. Más compleja es la pregunta sobre si se trata de una expresión artística. La respondería, en realidad, con otra pregunta: ¿por qué no?. Como he considerado a lo largo de este ensayo, no hay un fundamento sustentable que impida dicha categoría. Será artístico o no en base a condicionantes diversos: los fines del realizador, la respuesta del público, las características que posea, las innovaciones que suscite, los aspectos técnicos, etc.; y, especialmente, según la concepción socio-histórica de arte que esté en juego.
Matías Rotger