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lunes, 31 de marzo de 2014

El experimento (Da para pensar)

Cuando decidí escribir sobre esto me planteé no pensarlo mucho. Escribir las conclusiones de un experimento como este no sería equivalente a hacer un paper científico. Solo quería ver que onda.
Corría el mes de enero y en una tarde de esas fue que comenzó. No podía entender con claridad por qué pasaba pero noté que mi concentración había disminuido notablemente. Mi capacidad de enfoque en el trabajo se veía totalmente amenazada y estaba rindiendo menos. No lograba entender la razón real. No había desviaciones ni problemas graves que me afectaran. Tal vez el cansancio, que se yo… Es estresante trabajar en un call center vió…
Pero fue una tarde, una tarde en particular. Una de esas en las que no podes con nada. Estaba totalmente colgado y fuera de atención. Como perdido. Casi un zombie. No entendía las causas y eso me estaba empezando a preocupar. Que se preocupen los feos, me dije. Y me terminé preocupando mas aún.
Hasta que apareció, ahí estaba. Un dolor parejo y constante en la cabeza. Una sensación somnolienta en los ojos, como una modorra constante. ¿Y mi productividad? Bien gracias.
El descubrimiento de este síntoma me permitió darme cuenta de que el problema podía residir en mis ojitos tan castigados por mi trabajo primero, por mi vocación de escritor/lector después. Decidí darle una solución inmediata al tema, pero hacerlo de una forma divertida, algo que me deje una enseñanza, algo para rumiar (No es cosa de pedir un turno e irse a un oftalmólogo y ya, que aburrido) en fin, decidí hacer un experimento.
Por alguna razón que no recuerdo llegué a suponer que era bastante probable que el cambio constante de foco de mis ojos en el trabajo fuera el problema. Que eso le generaba fatiga a mi vista. Qué se yo, ponele. Entonces para probar si esto era verdad, cual cazador de mitos, decidí poner manos a la obra y hacer un ensayo. ¿En qué consistiría? En no llevar el celular al trabajo. Pensé en apagarlo, o ponerlo en modo avión. Pero no, no tenía mucho sentido y sabía que sería débil y terminaría cediendo. Así que así fue que comenzó este experimento. Mi promesa de no llevar el celular durante una semana al trabajo. Vacaciones para mis ojos.
Arranqué ese lunes dejando tirado en la cama el teléfono, como abandonado a su suerte en la oscuridad de mi cuarto. Fueron pasando los días y al tercero increíblemente comencé a notar un par de cambios. Después de una semana, noté tantas cosas que el experimento fue extendiéndose y llegué a poco menos de tres semanas sin llevar el mismo. Después situaciones familiares me obligaron a tener el móvil siempre conmigo y la experiencia se terminó convirtiendo en un ejercicio de fuerza de voluntad. Hoy por hoy, meses después, mi comportamiento terminó por modificarse…
Hechos relevantes
·         Al pasar los días, el dolor de cabeza desapareció por completo. También el ardor en los ojos.
·         Mi productividad volvió a sus parámetros normales rápidamente y con ello mi predisposición al trabajo. Hasta se puede decir que mejoré en ese sentido
·         Mi concentración se recuperó y pude mantener mi cabeza despejada y enfocada.
·         Dejé de usar el teléfono también en horarios no laborales. Pude ordenar también mis actividades hogareñas y el trabajo de empezar a editar el blog.
·         Las reacciones de mis compañeros y las personas cercanas fueron de lo mas variadas e interesantes.
En fín, como conclusión, este experimento improvisado me trajo muchas cosas para digerir. Primero, lo mucho que nos afecta el celular en nuestras actividades diarias y lo nocivo que es para nuestra vista. Es increíble como la dependencia que se crea termina influyendo en tu capacidad de concentración.  Querés estar pendiente de todo, de lo que tenes que hacer, de lo que hacen los demás, de las reacciones que tienen los demás a lo que decís o haces, y eso, para ciertas cosas no está tan bueno.  Comprendí lo molesto que es tratar de conversar con alguien y notar que no escucha lo que decís (me pasó en el trabajo, porque al estar sin distracciones terminaba mis tareas y podía darme el lujo de  hablar con mis compañeros y esto pasaba con frecuencia)  y eso no está bueno. Desconté de mis problemas el dolor de cuello y el reflejo de persecución de manotear los bolsillos hasta recordar que no llevaba encima el celular (si, a eso se llega) y fundamentalmente, le escapé al oftalmólogo otra vez. ¡Victoria!

Finalmente para ir despidiéndome, los voy a dejar con lo que mas me impactó. La sorpresa de mis compañeros de trabajo ante mi decisión. Basicamente sus expresiones rondaban la imposibilidad absoluta de dejar el celular en casa. ¿Cómo haces? Sí, así como si fuera que estas dejando la heroína, así de imposible parece. Y ante mi humilde invitación de probar el experimento en carne propia respondían con… A mi me es imposible, yo tengo vida chabón… 

Iván Blackpixel

viernes, 28 de marzo de 2014

El señor de la calle



Inspirado en el cuadro
Street 14 de Camilo Egas.

Ayer te vi, caminabas solo,
parecías sentir frío,
tal vez era el frío de tu alma.
Te dirigías hacia algún lugar
pero viajabas con el pensamiento.
Tu mirada se perdía en la soledad de las calles,
tal vez en la eternidad de algún recuerdo.
Tus ojos, abatidos por el dolor de una perdida,
me inspiraron tal ternura,
que los míos, jóvenes y vivaces,
se confundieron con la pena que mojaba tu figura.
Tu caminar ya cansado y lento por los años,
me obligo a ceder el paso
para no interrumpir tu eterno letargo.
Bajaste hacia las penumbras del subterráneo,
ocultándote en las sombras, tras un viejo pilar.
Parecías no importarle a nadie,
el mundo te daba la espalda,
Y tu… el señor de la calle;
le dabas la espalda al mundo.
Tus ojos se posaron en las escaleras,
una silueta mojada bajaba lentamente.
Fijaste tu mirada en ella
tal vez esperando descubrir un rostro familiar.
Aguardas a alguien,
me pregunto a quien.
De repente un destello de esperanza brota en tus pupilas
e inconteniblemente recorre tu cuerpo
pero no tarda en desvanecerse,
no era ella a quien esperabas.
Vuelves a tu silenciosa espera,

Tu espera infinita, tanto como la mía.

Noelia Díaz


miércoles, 26 de marzo de 2014

Escritores Anónimos IV Calixta

     Estaba resignado. Si, eso. Resignado. A veces las cosas cambian repentinamente y, cual gol de la derrota a los 89 no tenes nada para hacer. El anónimo que iba a estar no pudo, no quiso, no se animó... al menos por hoy. Y yo sin Plan B... El referí solo dió un minuto encima. Nada para hacer. Cuando estaba terminando de acomodar todo, sucedió como esas cosas mágicas, que se yo... Un respetuoso mensaje privado a la página, un humilde pedido y yo me encuentro con esta joyita. Pidió que se le llame Calixta y me advirtió que nunca tendría una columna y tal vez esta sea la última vez que se anime a publicar. Me dejó un poema pequeño, pero a mi gusto hermoso...

El charco.

Un charco.
Un tímido y pequeño charco.
Allí se mojan mis pies descalzos.
Sin resistencia. Sin más.
De agua tibia y limpia.
De agua salada, como de mar.
Hace frío y y yo sin tu abrazo.
Tal vez debería dejar de llorar.


Calixta

viernes, 21 de marzo de 2014

Vincent

    Desde el momento en que me propuso el editor del blog publicar acerca de tan complejo ser, me puse a pensar desde que punto de vista debía tomar a Vincent Van Gogh, porque no es un artista simple, sino un ser humano que se vio total y completamente atravesado por su obra, y viceversa: su obra atravesada por las vicisitudes de su corta existencia. Muchos quedamos prendados de su paleta de colores, y de su pincelada,tan característica y al mismo tiempo extraña para el momento del proceso histórico (un juego de dicótomas, si, tan pronto) por el que pasaba el arte en ese momento (estamos hablando de finales, ahí... muy en el borde del siglo XIX).Pero la verdad no quiero hablar simplemente de su obra, porque para eso vamos a un Taschen de Van Gogh y es lo mismo!
    Vincent Van Gogh fue desde niño marcado, desde que sus padres lo nombraron igual que a un hermano mayor que nació muerto ( miren que fuerte desde la psicología que puede llegar a ser esto) , luego repetida la historia por el maestro Dalí, que no viene al caso, pero creo que es un buen detalle a tomar en cuenta, para ilustrarnos un poquito de paso acerca de estos brillantes artistas. Vincent habla de su propia niñez como triste y estéril, pero ya desde joven comienza a interesarse por el dibujo (como medida de escape quizás?),muy posiblemente, pero siempre a su manera, porque fue un autodidacta. Tuvo muchas idas y venidas, amores no correspondidos, peleas en su familia, donde el único a quien encontraba a su lado era a Theo, su cable a tierra, su hermano, marchant y crítico ( el único a quien toleraba), Theo que estuvo siempre, cerca o lejos, para él. Para más información, nos remitamos a  “Cartas a Theo”.
   Y nuestro querido Vincent desde que comenzó con su problema mental estuvo consciente de esto, constantemente tuvo la certeza de que algo andaba mal dentro de si mismo; con su carácter delicado y maníaco, sus vaivenes entre la cordura y la perdición llego a conocer a grandes pintores, obras destacadas, y hasta convivir con uno de ellos, al menos durante unos meses.
    Recordemos que Theo era un marchant de arte, por lo tanto se dedicaba a comprar y vender obras de arte, entre ellas de pequeños artistas que aún no eran reconocidos, o de fama dudosa; como en el caso de nuestro nuevo amigo que hace su introducción en esta nota: Paul Gauguin, un señor que vivía la vida. Fuera de todos los preceptos de la época, este sujeto tan carismático tenia por costumbre enamorarse de adolescentes y puberes señoritas, (escapado de un matrimonio con hijos en su haber) se dedicaba a pintar para mantenerse, o costear sus ya reconocidos viajes por el Caribe.
    Fue un buen día a mediados de 1888 en que accede nuestro buen amigo Paul a la propuesta de Theo  con el fin de formar una comunidad artística con nuestro buen Vincent. Aquí viene lo más absurdo de la historia, a Paul no le causó gracia el modo de vida tan desordenado de Vincent, aunque siempre se sintió maravillado por su obra.
    Pero con lo que ganaban en sus ventas le servia para costearse sus prostitutas/modelos, sin mencionar que ganaba mucha experiencia de su compañero, y viceversa, ya que nuestro amigo pelirrojo era un seguidor del estilo tan peculiar de Gauguin.
    Ahora bien, si Paul sacaba sus ventajas, a Vincent le sirvió la compañía (medio obligada)para abandonar un poco al menos su fanatismo religioso, que cabe mencionar había asustado a los trabajadores con quienes trabajó un tiempo en misión. Se hizo adepto a las chicas, a la absenta, y aún mas maníaco al momento de pintar; se cuenta incluso que cuando su hermano le dijo que un critico muy reconocido estaba interesado en su obra, el agarro todo lo que tuvo a su alcance para pintar, y de ahí es que salen obras tan icónicas como los famosos girasoles, la silla o el dormitorio. También es una muestra de lo solitaria que era su vida, de lo errante su mente y lo problemática su conducta.
    Tras de todo eso también volvemos a  la figura de Paul Gauguin quien no pudo tolerarlo por mas de dos meses, durante la fatídica anécdota de la oreja cortada, que según ciertos autores, lo hizo el mismo Gauguin, pero Vincent lo cubrió... por respeto, por amor? Quien sabe, hasta nuestros días todavía encontramos diferentes teorías acerca de la relación que mantuvieron, y así podría seguir contando algunas anécdotas más acerca de este atormentado y de algún modo simpático pintor, yendo y volviendo en el tiempo, así como él, como su cabeza, su locura, que iba y volvía...
    Pero hay más curiosidades e historias que contar, que en otro momento retomaré.


LALAITH


miércoles, 19 de marzo de 2014

Escritores Anónimos 3

Hoy tenemos un reincidente, hoy vuelve Jo que probó el dulce y cada vez se anima un poco mas... Decidió no esperar a su turno y se nos adelanta otra vez... creo que huelo una pronta columna por aquí...

No Escapa

Después de correr y pensar superar el tiempo, se detiene lentamente
con miedo y la duda persistente de que tal vez, aún siga allí.
Esta agotada, un cansancio inerte la consume, se trasforma en dolor,
un dolor profundo y punzante que sabe merece.
El aire inunda su pecho y recuerda lo que una vez supo,
quiere correr una vez más, pero entiende que eso ya no puede herirla.
Suavemente una sensación recorre su cuerpo,
un reflejo borroso de lo que fue le susurra algo al oído y entibia su corazón.
Un dejo de sonrisa ilumina tenue el pálido rostro, brotando aquel anhelo de sus ojos.
Por un segundo lo alcanza, pero la realidad la toma como tosca gravedad
arrojándola de rodillas al piso.
¿Que fuerzas pueden atar los sentimientos?
¿que jaulas pueden encerrar el alma?
¿Como un peso que no existe puede en vida, por completo enterrarla?

Jo