Los parajes infinitos de la mente quedan grabados como un
epitafio gastado, apenas legible, olvidado y borrado por el viento de verano.
Un camino dividido y falto de señalización, donde a lo lejos
se divisan pequeñas personas que gritan desaforadamente, pero no se dejan
escuchar. Las siluetas te parecen familiares, pero están excesivamente lejos
como para distinguirlas.
Dolores, alegrías, tristezas y nostalgias recorren por cada
poro de cada bello de tu cuerpo, produciendo así una sensación difícil de
explicar… Recuerdos sobre recuerdos.
Muchas personas dirán: No vivas en el pasado… Pero el pasado
soy yo, sos vos; nada sería como ahora sin un pasado. Éste te marca en lo más
profundo de las entrañas y cumpliendo su objetivo, te transforma en lo que sos.
Infinitas experiencias alteran tu enfoque para sentirte en
el otro lado del mostrador; Un lugar donde se pueden ver las cosas desde un
diferente punto de vista, de una manera a la que, tal vez no estemos
acostumbrados. Ya que la realidad en sí es diferente para cada persona.
“La realidad es la percepción de cada persona, ergo, existen
millones de realidades”.
Alan Bomczuk.
