No sabía que hacer, harta de jugar nerviosamente con su lápiz, decidió ponerse a dibujar. Pensó que podría hacer un logo de su nombre tal vez. Le resultaba urgente y totalmente necesario tener una identificación propia, algo único en su firma que la haga ver tal y como era, especial y diferente a los demás. Ensayó dos variantes diferentes, que no le parecieron muy interesantes, y se aburrió.
Levantó la cabeza y vió que obstinadamente el profesor barbudo y con anteojos seguía intentando progresar con su insulsa clase, hizo una mueca, miró el reloj y volvió a su cuaderno.Nada de lo que se pudiera decir le interesaba demasiado, estando allí perdía el tiempo pero por como había tomado su vida últimamente, podría decirse que todo lo que hiciera le parecería un derroche. Algo le pesaba, no la dejaba ser.
Levantó su mano izquierda, y acomodó su flequillo(lo empujó hacia afuera, de manera contraria a lo normal), cargó parte de sus cabellos detrás de su oreja y volvió a tomar el lápiz. Decidió cambiar de objetivo, dejaría de lado el proyecto del logo (de momento a otro ya no le parecía tan imprescindible) y haría un dibujo.
Mientras el profesor explicaba con detalle el alcance de no se cual corriente artística del siglo XVIII ella ocupaba su mente pensando que dibujar. Comenzaba a garabatear sobre los bordes de la hoja tratando de que se hiciera visible alguna forma, de que se descubriera el velo y pueda descifrar hacia donde la llevaba su mente. De pronto comenzó a vislumbrar una idea, algo se acercaba a su mente...y encaró con decisión, lápiz en mano, hacia el centro de la hoja.
Pasó un momento, el grafito se pegaba al papel frenéticamente, casi con desesperación. Podría decirse que ella dejaba su ansiedad en los trazos. Mientras tanto, una pregunta simple era respondida con apuro por una joven de cabello negro y corto mientras tomaba gravemente con su diminuta mano sus lentes de marco grueso y rectangular. Alguien dijo algo al pasar, todos se rieron, la niña se sonrojó. El profesor paró con las risas populares con una actitud seria y tosca. Cortó el pequeño desliz prosiguiendo con los conceptos.
Ella ni siquiera notó cuando su compañero le hizo un comentario pícaro sobre la situación, ensayó una sonrisa fingida sin prestar atención y siguió...Necesitaba terminar.
De pronto dejó de trabajar, lo había logrado. Dejó el lapiz y sonrió (esta vez con la sinceridad de quien se siente realizado). El profesor, mientras tanto, dió por terminada la clase con una pequeña alocución a modo de cierre sobre las bondades que le había dejado al arte y a la Humanidad esta efímera corriente y recibió algunos aplausos que se generalizaron ( la mayoría aplaudía con la secreta alegría de haber terminado el bodrio) ella seguía metida en su creación, mirándola al borde de la contemplación. No era simple satisfacción lo que sentía, no era su ego el que se alimentaba, sino algo mas. Era mas complejo que el simple alimento de la soberbia.
Pasó un momento, el grafito se pegaba al papel frenéticamente, casi con desesperación. Podría decirse que ella dejaba su ansiedad en los trazos. Mientras tanto, una pregunta simple era respondida con apuro por una joven de cabello negro y corto mientras tomaba gravemente con su diminuta mano sus lentes de marco grueso y rectangular. Alguien dijo algo al pasar, todos se rieron, la niña se sonrojó. El profesor paró con las risas populares con una actitud seria y tosca. Cortó el pequeño desliz prosiguiendo con los conceptos.
Ella ni siquiera notó cuando su compañero le hizo un comentario pícaro sobre la situación, ensayó una sonrisa fingida sin prestar atención y siguió...Necesitaba terminar.
De pronto dejó de trabajar, lo había logrado. Dejó el lapiz y sonrió (esta vez con la sinceridad de quien se siente realizado). El profesor, mientras tanto, dió por terminada la clase con una pequeña alocución a modo de cierre sobre las bondades que le había dejado al arte y a la Humanidad esta efímera corriente y recibió algunos aplausos que se generalizaron ( la mayoría aplaudía con la secreta alegría de haber terminado el bodrio) ella seguía metida en su creación, mirándola al borde de la contemplación. No era simple satisfacción lo que sentía, no era su ego el que se alimentaba, sino algo mas. Era mas complejo que el simple alimento de la soberbia.
Guardó el dibujo, sus cosas de manera desordenada y salió a las corridas a otra clase que quizás tampoco oiría. Tan despistado fue su despegue que dejó unas cuantas hojas de apuntes desparramadas por ahí. Volvió a buscarlas después, pero ya no estaban. No se preocupó demasiado y entro a la siguiente clase.
Aquí fue algo mas aburrido para nosotros, tomó apuntes de todo lo que dijo la profesora, preguntó algunas dudas, de momento a otro se deshizo de su pereza y fue una alumna ejemplar. Sus energías y su actitud se renovaron casi instantáneamente.Contenta por lo productivo de su día de clases, al terminar, acomodó todos sus útiles en su morral( que era de cuero negro, de esos que tienen una solapa con estampados de flores) y caminó hacia su casa.
Tenía muchas cuadras por delante, pero a esta hora de la tarde, Tucumán en primavera se pone mas hermosa. Los lapachos pintaban las calles de rosa, amarillo y blanco, maquillaban una ciudad quinceañera, fresca, primaveral.
Aquí fue algo mas aburrido para nosotros, tomó apuntes de todo lo que dijo la profesora, preguntó algunas dudas, de momento a otro se deshizo de su pereza y fue una alumna ejemplar. Sus energías y su actitud se renovaron casi instantáneamente.Contenta por lo productivo de su día de clases, al terminar, acomodó todos sus útiles en su morral( que era de cuero negro, de esos que tienen una solapa con estampados de flores) y caminó hacia su casa.
Tenía muchas cuadras por delante, pero a esta hora de la tarde, Tucumán en primavera se pone mas hermosa. Los lapachos pintaban las calles de rosa, amarillo y blanco, maquillaban una ciudad quinceañera, fresca, primaveral.
Llegando al final de la plaza una mujer sollozaba tristemente sentada en un banco. Quiso preguntarle que le sucedía, pensó en provocarle una sonrisa. Prefirió evitar el momento incómodo y siguió su camino. Después se sintió mal... Quizás la habría podido ayudar se dijo... esa pequeña angustia se fue diluyendo paso a paso mientras llegaba a casa. Tomó un baño, vió las noticias y se puso a cocinar. Le gustaba comer platos coloridos, rojo, verde, amarillo. Muchas verduras para acompañar, en este caso, un bife con fideos. Luego de una cena abundante y rica, con el estomago lleno puso a su corazón a alegrarse.
Buscó un marco viejo en el que tenía una foto que se perdió sospechosamente en alguna reunión familiar. Lo limpió paciente y meticulosamente, una vez listo fue a sacar el dibujo del morral.
Tuvo un pequeño ataque de terror al no encontrarlo entre las hojas del cuaderno de clase del profe, se preguntó si lo habría extraviado con los apuntes que olvidó en el aula (insultó su arrebato, se enojó, blasfemó) pero apareció de pronto mezclado con las otras notas. Se calmó rápidamente sintiéndose un poco tonta y en su carita sonrojada (Tiene esa piel extremadamente blanca que se ruboriza con facilidad ante cualquier emoción que experimenta) se dibujó una sonrisa de esas que deslumbran. Brillaba, por dentro y por fuera, se sentía muy feliz.
Puso el dibujo en el marco, lo miró, otra vez con esa extraño dejo de realización y lo colgó en la pared al lado de su cama. Se preparó para dormir, su cuarto no sabía de luces apagadas a la hora de descansar, la oscuridad no le daba cobijo, decía, sin luz no tengo tranquilidad.
Miró el dibujo, se perdió en esos ojos y pensó que ya nunca se sentiría sola.
Tu mirada vive en mi mente, pensó, en mis retinas, en las yemas de los dedos que aún recuerdan el camino que las traza...así entendí que siempre me vas a acompañar...vaya donde vaya. Y no necesito nada mas.
Así durmió, mañana sería otro día para seguir luchando. Nada podría borrar ya esa sonrisa...
